Nació en nuestra provincia. Descubrió el piano, el jazz y la pasión por Piazzolla en Buenos Aires. Tocó en toda Europa y ahora, después de 30 años de carrera, es uno de los compositores argentinos que deslumbra en Nueva York. “Second Half”, su último material, aspira a convertirse en “Mejor álbum de jazz latino”.

Emilio Solla: “En Mendoza escuché mis primeras músicas”

by Mariana Guzzante
December 21, 2014
Se fue de la Argentina en los años menemistas, por pura decepción. "No, no fui un exiliado político. Aunque mi hermano sí fue perseguido, yo no sufrí la carnicería de la Dictadura porque entonces era muy chico. Pero sí sufrí la carnicería cultural de los '90. Cuando vi que la gente volvió a votar a Menem, armé mis maletas y me fui".

Emilio Solla habla recién despierto en su departamento neoyorquino. Mientras mira caer la nieve desde la ventana, parece que los 8 mil kilómetros de distancia que nos separan se evaporan. Es la calidez de su voz, a pesar de haber sostenido una noche jazzera hasta la madrugada.  


- ¿Cómo explicás tu música allá en el Norte? 


- Cuando me piden que lo explique en dos palabras, digo "tango-jazz". Pero, para el que tiene tiempo de escuchar o profundizar, hay que decir que implica más cosas.

Todo parte de cierta corriente que arrancó en Buenos Aires a finales de los 70s y se desarrolló en los 80s (los años en que empecé a trabajar profesionalmente), la misma corriente que llevó a Dino Saluzzi por los escenarios europeos y que tiene a Pablo Aslan o a Hernán Lugano (un gran talento que está en Bariloche, poco conocido en Argentina). Digamos que se trata de jazz pero con un importante background argentino.  


Con esa alquimia, Emilio vibra. "Es que yo no puedo tocar un jazz norteamericano. Quiero decir, si tengo que hacerlo por trabajo lo hago, pero no es lo mío. Si me preguntás qué música me pega, te digo que Leda Valladares. Esa es mi música: Piazzolla, más el folclore argentino, más las armonías del jazz."


Quizá esa certeza parte de su infancia mendocina, de esas noches de peña en las que se quedaba dormido escuchando las eternas guitarreadas de los compadres. "Y sí, esas fueron mis primeras músicas: la zamba, las chacareras. Tengo recuerdos de peñas con Jaime Torres, Hugo Díaz, Ariel Ramírez...La Negra Sosa también andaba por allí".


A esos encuentros folclóricos lo llevaba su padre, Julio Cesar Solla, un ingeniero que fue fundamental para la planificación de nuestro sistema de riego (trabajó en el Ministerio de Obras Públicas de Mendoza) y que, por las noches, abría las compuertas del  swing como contrabajista de jazz.


 Ahora que el teléfono de Emilio no para de sonar por la nominación al Grammy (en el que compiten artistas como U2, Arctic Monkeys o Beck), puede mirar esa partitura biográfica en perspectiva, el dibujo de su vida desde Chacras de Coria a Manhattan, y sentir que, si la tuviera que tocar de nuevo, la tocaría igual.  


- ¿Qué significa para vos esta nominación?


- No es algo que viene de la nada. Creo que es un reconocimiento por 30 años de trabajo constante, de haber tocado en miles de lugares y circunstancias diferentes. Claro que implica un subidón total. Desde hace diez días, no paro de atender el teléfono. Y sinceramente me emociona que pasen cosas como ésta: que me llamen desde la tierra en que nací. 


Tonos cercanos
Cuando Emilio entró a los diez años a una iglesia en Buenos Aires, descubrió el sonido del órgano. "Y ahí flipé", recuerda. Por eso pidió ingresar al conservatorio para dedicarse a las teclas.

"Me cansé de la música clásica pero volví a enamorarme a los 16, cuando me atrapó el jazz". Ya desde su etapa de formación supo que quería hacer su propia música. Por eso no dejó de explorar ningún estilo. Esa siembra musical se esparció como semillas y germinó en composiciones originales.


Llegado el menemismo, voló a Barcelona, donde vivió diez años sin parar de componer y tocar. Música y construcción. El pianista argentino "ya tenía ahí el quiosco armado" pero dejó su pequeño espacio de confort para volar a Nueva York, el lugar donde seguir aprendiendo.


"¿Si me gusta vivir acá? No. Estoy mirando por la ventana y hace un frío tremendo. La comida es horrible. Extraño el asado, la juntada en los cafés con los amigos. Eso que extrañamos todos. Pero es el lugar donde hay que estar.

Acá me puedo dar el lujo de tocar con músicos brillantes. Trabajar con Paquito D'Rivera, por ejemplo. Hay otro ritmo de cabeza. Estás estudiando siempre. Si te dormís, fuiste: viene un estudiante polaco de 18 años con una obra genial y te barre. Eso por un lado es agotador. Por otro, es estimulante". 


- ¿Y no te dan ganas de venir a tocar a Mendoza?


- ¿Sabés que tengo una canción dedicada a Mendoza? Mientras hablamos te la estoy mandando. Es del disco anterior. 


Es inusual que componga con letra, pero esta canción la tiene. Habla de un niño que lanza un barquito a la acequia con la esperanza de que sea recibido por la manito de la nena amada. Una belleza. 


- ¿Entonces? ¿Hay chances de escuchar aquí tu música en vivo?


- Tengo un deseo desde hace tiempo. Lo que quiero hacer es tocar con alguna orquesta mendocina. Sería muy emotivo para mí. Volver al sitio donde fui niño y entregarle mi música. En mayo voy a Buenos Aires, espero que se pueda dar. 


Está ahí, casi al alcance de la mano, cálido y concentrado, en una intimidad con ese recorrido vital que su música meditada y emocional explora de muchas maneras. 


Más allá de la chapa del Grammy, Solla suena con su propia voz, permanentemente innovadora. Nada en la corriente del tango jazz y también en la de la música clásica contemporánea, las acompaña y atraviesa, con un sonido nuevo, insumiso. Una incursión en la poesía del sonido que sigue siendo su travesía.


Un mendocino en los Premios Grammy 

Ahora, ternado a los premios Grammy, como mejor álbum de jazz latino por su última producción, "Second half", el disco que grabó al frente de  "La Inestable de Brooklyn", la banda que  conformó y dirige, con músicos del circuito neoyorquino, Solla se convierte en figura internacional.


Ya reconocido en Nueva York, donde ha grabado y girado con artistas como Paquito D'Rivera, Donny Mc Caslin, Jeff Ballard, Billy Hart o su compatriota Pablo Aslan, en todos estos años ha ido avanzando en su discografía desde el folclore hacia el jazz con tintes de tango, una evolución que siempre ha considerado "natural".


“Second Half” es su séptimo material de estudio, una obra exquisita y madura que propone un viaje musical creado desde las emociones, manteniendo el espíritu argentino.


En estas composiciones, atraviesa las geografías de la calma  y la euforia, con un piano climático y audaz.


El álbum fue grabado junto a "La Inestable de Brooklyn", una orquesta que Solla formó en 2010 con ocho músicos de mucho prestigio en el circuito de Nueva York, una formación que sabe "aceitada" para deslizarse sobre ese original viaje sonoro.


Los Grammy se entregarán el 8 de febrero.